Aída Guadalupe Aguiar Jiménez
Patricia del Carmen Linares
Ana Lilia Tecla Parra
Francisco Javier Escobedo Conde, S.J.

I. PRINCIPALES PROBLEMÁTICAS E INJUSTICIAS

Es común dar por hecho que el concepto de salud es la ausencia de enfermedad y que el derecho a la salud es el acceso a los servicios médicos. Es un proceso en construcción día a día que se logra a través del cuidado, que incluye, entre otros factores, el valor personal y los recursos sociales que se tienen a la mano. Esto último, depende de las políticas de Estado que promueven las condiciones sociales que generan servicios y oportunidades, ya que la salud (equiparada al nivel de bienestar de las personas) no es más que el reflejo del medio social en el que se vive.

El bienestar social requiere de condiciones que guarden un equilibrio armónico. Julio Frenk, ex secretario de Salud, publicó en 1993 un texto sobre salud pública en el que enfatizó que “la suma de los derechos de intercambio basados en el mercado y conferidos por el Estado define como el conjunto total de bienes y servicios a disposición de una persona, determinando así las condiciones de vida”. De allí la necesidad de entender la salud como bienestar o como una condición de vida en armonía entre los procesos de vida que comprenden la dimensión biológica, psicológica, social y espiritual y su relación con el espacio temporal. A partir de ese planteamiento, es obligado cuestionar el papel del Estado mexicano como garante de los satisfactores básicos determinantes del estado de bienestar de su gente, como son, entre otros: educación, trabajo, vivienda, seguridad pública, pensiones y acceso a servicios de salud realmente de calidad que garanticen el derecho humano a la salud.
BC es una región de contrastes, conformada por migrantes procedentes de distintas regiones del país y del mundo; mantiene una gran movilidad, y miles de sus habitantes, de distintos niveles socio- económicos, interactúan diariamente con el sur de California. En esta dinámica incluye personas deportadas de los EU, con características muy variadas, y una parte importante de ellos terminan en la indigencia. Además, la condición migrante del estado hace que se intensifique el problema de salud.
Aunado a lo anterior, la región muestra contrastes en sus zonas urbanas y suburbanas, tanto en el acceso a los servicios básicos como agua y electricidad, así como en sus viviendas, muchas de ellas construidas y amuebladas con materiales de desecho traídos de California o con residuos locales. Ante este panorama, en donde la pobreza y la marginación son endémicas, se puede observar una alta prevalencia de enfermedades crónico-degenerativas e infecciosas: tuberculosis, rickettsia, drogadicción, obesidad, que coexisten con desnutrición, y diabetes. También hay problemas sociales con efectos directos a la salud, entre ellos, la prostitución y trata de personas. Por ejemplo, hasta junio de 2016, BC ocupa el primer lugar de enfermos de tuberculosis en el país, con un promedio anual de entre mil 500 y mil 700 casos nuevos registrados (Infobaja.info, 23 junio 2016).
Ante este panorama, en BC, al igual que en el resto del país, somos testigos del desmantelamiento del Estado de bienestar y, como consecuencia, del empobrecimiento de la población, como descomposición del tejido social, de las condiciones de vida y de trabajo, precarización de los servicios e  general y, en particular, los de salud. Eso inhibe al ciudadano como agente de su propio cuidado y de sus derechos humanos.
II. EXPERIENCIAS DE BUENAS PRÁCTICAS
Se puede identificar como buena práctica la creación de proyectos binacionales como Salud Fronteriza, organización que atiende enfermedades crónico-degenerativas, infecciosas, salud materno- infantil, salud mental, adicciones y accidentes.
Este proyecto surge de un acuerdo entre México y EU y apoyan a organizaciones de la sociedad civil de ambos lados de la frontera dedicadas a promover la salud en la región.
Una gran cantidad de agrupaciones sociales trabajan en programas de promoción de la salud, como Fronteras Unidas por Salud, que se dedican a la rehabilitación de personas con adicción y construcción de vivienda en áreas marginadas.
Por otra parte, la Casa del Migrante, el Centro Madre Assunta, la Casa de los Pobres y Ciudad Misericordia son proyectos de órdenes religiosas que apoyan a la población en condiciones de riesgo.
Otras organizaciones civiles tratan las enfermedades oncológicas que padecen niños y jóvenes de escasos recursos, por ejemplo, Fundación Castro Limón y Fundación del Hospital Infantil de Las Californias. Además, en la IBERO Tijuana se desarrollan proyectos académicos en la licenciatura en Enfermería como Escuela Saludable y el trabajo de promoción de la salud con familias de colonias marginales.
Con todo lo anterior, podemos darnos cuenta que los problemas de salud no respetan divisiones políticas; los riesgos y las enfermedades se comparten en ambos lados de la frontera, poniendo en peligro el estado de bienestar de quienes habitan esta región. Esta situación ha generado, primero, la preocupación de buscar estrategias que favorezcan el control de riesgos y, posteriormente, la creación de proyectos binacionales como el caso de Salud Fronteriza que, como se mencionó previamente, trabaja en áreas identificadas como prioritarias.
Además, existen en la región organismos de la  sociedad civil que ayudan a grupos vulnerables: niños, mujeres y ancianos en condición de call.
Muchos de ellos reciben apoyos económicos de
fundaciones establecidas en la Unión Americana.