Saúl Guzmán García
Cinthya Paz Rodríguez
Carmen Romo Diego
Rodolfo Argote Gutiérrez

I. PRINCIPALES PROBLEMÁTICAS E INJUSTICIAS
En la región transfronteriza Tijuana-San Diego se evidencia cotidianamente la manifestación del modelo consumista de mercado que exacerba la desigualdad e inequidad social y, paralelamente, propicia el deterioro ambiental.
Las economías asimétricas entre ambos países han promovido la migración de sur a norte de indocumentados en busca de mejores condiciones de vida, quienes al fracasar en el intento de cruce, dan origen a fenómenos del lado mexicano: asentamientos irregulares, crecimiento urbano anárquico y desordenado, así como la incapacidad de los tres órdenes de gobierno para garantizar una calidad de vida digna.
Esta inequidad se hace patente en la región transfronteriza, ya que en BC existe disponibilidad de empleo pero con remuneraciones bajas. El 48.7% de la Población Económicamente Activa (PEA) percibe entre dos y cinco salarios mínimos mensuales (smm), muy por debajo para cubrir las necesidades básicas de un hogar promedio. Sólo el 7.4% de la PEA percibió más de 10 smm (Bringas y Toudert, 2011). En México, el salario mínimo diario es de 73.04 pesos, veinte veces menor comparado con EU. Sólo en California, la percepción salarial es de 10 dólares por hora y en San Diego, 10.50 dólares por hora (Financial Red, 2016).
Estas condiciones asimétricas de la economía y los fenómenos derivados de la misma generan otros como la disponibilidad de mano de obra barata, pago de salarios insuficientes e incipientes, altos costos de vida por la realidad mundial, así como el desinterés del cuidado por el medio ambiente, pues se privilegia la sobrevivencia antes que el cuidado del entorno.
La región Tijuana-San Diego comparte territorio, cuencas hidrológicas, biodiversidad, clima y ecosistemas que la caracterizan como la región florística de California (Raven y Axelrod, 1974). Existen cuatro factores principales que definen un contexto ambiental compartido: agua, energía, suelo y residuos. Se suma la necesidad futura de satisfacer las necesidades de la población que para el año 2030 se calculan 3.7 millones de habitantes en las ciudades de Tijuana, Tecate y Playas de Rosarito. En San Diego, el crecimiento poblacional también requerirá de conducir sus políticas ambientales a una gestión correcta (San Diego State University, 2005). Esta proyección ejercerá una presión mayor sobre los recursos naturales, deterioro del medio ambiente, agotamiento de algunos recursos e impacto a la biodiversidad.
El modelo asimétrico de desarrollo se manifiesta del lado mexicano a través de las insuficiencias de insumos para el desarrollo humano digno y su evidencia explícita del deterioro del ambiente, especialmente por la contaminación del agua, el aire y suelo, la espara decasez
de recursos suficientes en el entorno, falta de manejo adecuado de los recursos y un entorno paisajístico deteriorado e inadecuado para el nivel de calidad de vida requerido. A su vez, esta situación trae consigo asentamientos irregulares, precariedad y abandono de las personas migrantes que viven en la calle, incineración clandestina de basura con afectaciones a la salud humana.
II. EXPERIENCIAS DE BUENAS PRÁCTICAS
Ante esta fenomenología descrita se abren áreas de oportunidad para mitigar o adaptarse al modelo galopante de la injusticia. Por ejemplo, promover la conciencia en las personas sobre la calidad ambiental, el cuidado de la salud, incentivar la protección del medio ambiente y empoderar a la sociedad para que ejerza su derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para su desarrollo.
En este sentido, han surgido buenas prácticas a ambos lados de la región transfronteriza, como organismos de la sociedad civil que trabajan de manera colaborativa, por ejemplo: el San Diego Regional Planning (SANDAG) con el Ayuntamiento de Tijuana, que de manera específica trabajan en planes y programas con el objetivo de mitigar los efectos adversos por la contaminación ambiental compartida, la conservación y manejo de residuos, calidad de agua, aire, playas limpias. A su vez, se cuenta con grupos binacionales en temas ambientales como la Comisión Internacional de Límites y Aguas, en la temática de recuperación del río Tijuana (Equipo de recuperación del valle del río Tijuana, s/f).
La participación de la IBERO Tijuana en el proyecto Cañón Los Laureles ha sido relevante en el desarrollo de trabajos comunitarios y ambientales, aportando desde la academia herramientas para el mejoramiento de la calidad de vida de la población vulnerable en la zona.
El papel que debe asumir la Universidad frente al modelo imperante del consumismo que propicia la inequidad, la injusticia y el deterioro ambiental, es erigirse como el ente rector del empoderamiento de las comunidades para desarrollar en ellas habilidades y capacidades para enfrentar la exclusión social, el trabajo digno, la inequidad, así como las consecuencias del deterioro ambiental.
La IBERO Tijuana debe centrar sus esfuerzos en desarrollar infraestructura en recursos humanos y gestión social y comunitaria, con el fin de promover proyectos de investigación aplicada para el desarrollo de acciones que mejoren la calidad de vida de las comunidades mexicanas en la región fronteriza norte de México. Respectivamente, debe formar alianzas con sus pares, así como otros actores sociales: iniciativa privada, organizaciones de la sociedad civil, órdenes de gobierno, entre otros, para generar sinergias en la gestión de recursos y capacidades para desarrollar planes, programas, proyectos y acciones que promuevan la prevención del deterioro ambiental y daños a la salud de las comunidades.
Es recomendable que exista una estrategia institucional con temas periféricos y ejes transversales para la acción contra el cambio climático, los efectos en el manejo del agua, contaminación del aire y del suelo, cuidado de la salud humana, manejo de los residuos, energías alternativas y ecotecnias aplicadas a la comunidad.