Gonzalo Hernández Gutiérrez
José Legorreta Zepeda
Joaquina Palomar Lever
Ana Bertha Pérez Lizaur
Pablo Reyna Esteves

 

I. Principales problemáticas que se enfrentan en este ámbito

Desde el último tercio del siglo XX se ha venido incrementando la percepción de un malestar generalizado en el mundo contemporáneo que ha llevado a hablar de una crisis civilizatoria. Esta situación es producto de un cambio de época a nivel global. Las estructuras económicas y políticas heredadas como el capitalismo y el Estado-nación, así como las instituciones y referentes que dieron sentido por siglos (iglesias, familia, partidos políticos, estructura educativa etc.) se resquebrajan. A la par, nuevas formas de convivencia humana, no exentas de contradicciones y tensiones, están emergiendo facilitadas y promovidas por las nuevas tecnologías de la comunicación.

Esta compleja realidad social se manifiesta de diversas maneras en nuestro país. Los ámbitos económico y político manifiestan una serie de disfuncionalidades y contradicciones debido a las estrecheces inherentes a estos sistemas institucionales, como también a las propias dinámicas de exclusión/inclusión, con sus secuelas de marginación y desigualdad heredadas del pasado. Del mismo modo, se puede observar cómo la peculiar cultura moderna/posmoderna centrada en el individuo y el pluralismo coexiste con formas de socialidad indígenas, coloniales y post modernas. Esto nos permite afirmar desde una perspectiva global, que la crisis generalizada y multidimensional, que experimenta la sociedad mexicana, no es puramente endógena ni impuesta. Tal es el caso de tres problemas ancestrales de la realidad social mexicana que se han exacerbado en los últimos cincuenta años: la desigualdad, la exclusión y la violencia.

II. Principales injusticias

 

Desigualdad y exclusión

Si bien es cierto que desde su pasado colonial México se ha caracterizado por una enorme brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que apenas tienen algo, en el último medio siglo esa brecha se ha ensanchado. A este respecto resulta ilustrativo que México sea la patria de un 20% de la población que gana más de trece veces lo que percibe la población que ocupa el 20% inferior.

Esta desigualdad tiene su correlato económico, social, cultural y político con una enorme masa de desposeídos marginados del tener, del saber y del poder, lo que se expresa en un gran número de personas que no tiene acceso a servicios de salud y carece de atención médica de calidad, falta de acceso a la educación por tener que trabajar, y quienes tienen oportunidad acceden a educación de mala calidad, campesinos y otros grupos que han tenido que abandonar el campo, sus negocios y casa, y migrar para huir de la violencia y la miseria, con las dramáticas consecuencias que esta movilidad conlleva (pérdida de redes sociales, separación de las familias, problemas de salud mental, derivados del proceso de aculturación que deben enfrentar en el país anfitrión, así como la exclusión de amplias franjas de la población a empleos dignos, a condiciones dignas de vivienda y a un futuro en el sentido amplio del término. La exclusión va más allá de lo económico, ya que también a través del racismo, la homofobia, el patriarcado, el clientelismo, la ideología y la discriminación étnica y cultural.

 

Violencia

Hoy México está sufriendo una situación de violencia estructural mezclada con violencia criminal organizada (y desorganizada), pública y privada, oficial y clandestina. Lo que a ojos de muchos se lee como una situación de guerra por el control de los territorios, el despojo, el trasiego y el mercado de las drogas; situación que ha alcanzado una visibilidad particular a partir de 2007. De acuerdo a algunos informes, como el de Amnistía Internacional México o el reportado en la revista Nexos de enero de 2015, esta guerra alcanzó a finales de 2013, sesenta mil asesinados y veintitrés mil desaparecidos en el país Esta guerra ha revelado la colusión entre delincuencia, mercados y gobiernos. Una de las consecuencias más inmediatas de lo descrito es la situación de miedo e incertidumbre en prácticamente todas las capas de la población. Cabe hacer mención que la intrincada red de intereses de la clase política mexicana en su conjunto y la interpenetración de gran parte de ella con el crimen organizado, han tornado insuficientes e ineficaces gran parte de las políticas públicas para resolver la situación antes mencionada, lo que también ha abonado al descrédito de las instituciones públicas.

Además de la violencia estructural, la violencia también se expresa al interior de las familias, en la inequidad de género, no obstante que las mujeres han ganado espacio y visibilidad en distintos ámbitos de la vida pública y privada. Los niños, ahora más que nunca, están expuestos a presenciar la violencia dentro de su hogar, como a ser víctimas de violencia emocional, física y sexual. Es en los hogares más pobres donde existe una mayor prevalencia de trastornos crónico degenerativos y mentales debido a que existe un apoyo social inadecuado, ambientes violentos y caóticos, baja supervisión parental en las familias, disfuncionalidad familiar, carencias afectivas, proliferación de estilos de vida nocivos y entornos no saludables que resultan en un incremento en el consumo de drogas y en la participación de conductas ilícitas. Son la inseguridad y la violencia lo que impide a las personas salir a parques y jardines a convivir, a divertirse y a ejercitarse (el 60% de niños y adolescentes se consideran inactivos), lo que a su vez los impulsa a ver la televisión y usar los juegos de pantalla, que más que promover valores cívicos y sociales, presenta a la violencia como un modelo a seguir.

III. Aspectos que permiten pensar que es posible transformar la sociedad

Frente a este escenario, diversos grupos se articulan alrededor de la exigencia de reconocimiento, igualdad y justicia (víctimas, jóvenes, mujeres, colectividades indígenas, feministas, LGBTTI, migrantes), instituciones (académicas, religiosas, de derechos humanos, etcétera) y el gobierno, ensayan y proponen esquemas y experiencias a corto y mediano plazo con vistas a solucionar estos grandes problemas. Se ha buscado reconstruir redes sociales y familiares, con el fin de generar ambientes que apoyen a niños y jóvenes a no perder la esperanza y al mismo tiempo, a crear oportunidades que les permitan un futuro digno, que promueva la salud física y emocional para enfrentarse con fortaleza a las mafias que les ofrecen recursos fáciles de obtener y de gastar en un consumismo desmedido.

Las iniciativas que individuos, colectivos, comunidades e instituciones de diversos tipos han venido generando son una muestra de la resistencia y creatividad de los grupos e individuos afectados por las problemáticas arriba mencionadas. Los lazos sociales se están reconfigurando de maneras inéditas, desde las totalitarias y violentas hasta las emancipadoras y anti-sistémicas para intentar dar solución a los problemas más urgentes. Las iniciativas emergentes se están caracterizando por reestructurar continuamente sus modos de organización, los cuales se integran por grupos, comunidades y movimientos constituidos por identidades múltiples, por opciones de género diversas, por pertenencias temporales, electivas, sin proximidad territorial, por mencionar solo algunos rasgos. La gran mayoría de estas nuevas formas sociales no pretenden plantear un proyecto para todos sino simplemente ensayar formas locales o temporales para sobrevivir y/o salir adelante en un contexto adverso.

En medio de esta compleja problemática, algunas voces han propuesto poner una atención especial a la familia dada su importancia en el desarrollo del individuo. Si bien las formas sociales de la familia moderna son muy plurales, dicha institución sigue viva y es fundamental.

Se vuelve urgente que la Universidad cuestione su contribución y su función frente a las problemáticas y las nuevas iniciativas sociales, lo cual nos puede llevar a revisar la forma como se lleva a cabo la investigación, la docencia y revisar el tipo de individuos y ciudadanos que se están formando. Igualmente habría que preguntarse sobre la vinculación que tiene o debe tener la universidad, con los grupos emergentes, con las experiencias de resistencia y las nuevas epistemologías.

 Lecturas recomendadas

  • Hopenhayn, M. & Sojo, A. (2011). Sentido de Pertenencia en sociedades fragmentadas. América Latina desde una perspectiva global. Madrid: Siglo XXI.
  • Amnistía Internacional México (2013). México. Aumento de las violaciones de los derechos humanos y de la impunidad. Información de Amnistía Internacional para el examen periódico universal , EPU, de la ONU. Disponible en línea en: http://amnistia.org.mx/nuevo/wp-content/uploads/2014/07/Mexico_Aumento_Violaciones_DH_01_03_2013.pdf
  • Oulhaj, J. (2013). Miradas sobre la economía social y solidaria en México. México: Universidad Iberoamericana Puebla.
  • Merino, J., J. Zarkin, E. Fierro (2015), “Desaparecidos” en Nexos 445 (enero de 2015), pags. 11 – 17.